Hace años inventé mi propio método para dejar de fumar: Tras mi último cigarrillo me afeité la cabeza con la idea de dejarme crecer el pelo desde cero siempre y cuando no volviera a fumar, en cuyo caso volvería a afeitarme. De este modo, cada vez que me apeteciera encender un cigarro me tocaría la cabeza para recordarme cuánto tiempo (medido en milímetros de pelo) había conseguido permanecer sin fumar. Cuanto más largo estuviera mi pelo, mejor para mis pulmones.
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